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La solidaridad como un valor Bioética1

Solidarity as a bioethical value

A solidarieda de: Um valor bioético

Fecha de recepción: 08-04-2011
Fecha de aceptación: 20-05-2011

1Este trabajo fue financiado a través de una Beca de Investigación otorgada al autor en el 2009 por el Instituto Borja de Bioética, de la Universidad Ramón Llull, Barcelona, España.

Carlos Alberto Rosas-Jiménez2
2
Biólogo. Investigador Fundación Solidaridad en Marcha Colombia. carlosalbertorosasj@gmail.com

 

Resumen

Entre las muchas propuestas que se han hecho recientemente en ese resurgir de la bioética se encuentra la solidaridad, constituyéndose parte de la agenda del siglo XXI sobre esta disciplina. Proponemos la solidaridad como un valor bioético puesto que así como no se puede ser solidario sin tener en cuenta a la persona con quien soy solidario y su entorno, no se pueden emitir juicios bioéticos o hacer una reflexión bioética de fondo olvidando a quien se tiene en frente. A partir de un estudio de la experiencia de una población de voluntarios del sector salud en Medellín, Colombia, se logró evidenciar que existen tres elementos que, en conjunto, sirven de bisagra entre la solidaridad y la bioética.

Palabras clave

bioética, ética, salud. (Fuente: Decs, Bireme).

Abstract

One of the many proposals put forth recently in the revival of bioethics concerns solidarity, which is part of the agenda for the discipline in the twenty-first century. In this article, solidarity is proposed as a bioethical value, inasmuch as it cannot be achieved without considering the person towards whom one shows solidarity and without taking into account his or her environment. It is not possible to make bioethical judgments or to accomplish in-depth biological thinking when forgetting the person who is at the source or heart of the matter. Based on a study of the experience of a group of health volunteers in Medellin (Colombia), this research found evidence of the existence of three elements that, together, serve as a hinge between solidarity and bioethics.

Key words

Bioethics, ethics, health. (Source: Decs, Bireme).

Resumo

A solidariedade, uma das muitas propostas feitas recentemente no renascer da bioética, deve fazer parte da agenda do século XXI sobre a disciplina. A solidariedade é um valor bioético porque, assim como não se pode ser solidário sem levar em conta a pessoa e seu ambiente, também não se podem lançar juízos bioéticos nem fazer reflexão bioética esquecendo ao outro. Um estudo sobre a experiência de uma população de voluntários do setor da saúde em Medellín, na Colômbia, revelou três elementos que servem como uma dobradiça entre solidariedade e bioética.

Palavras-chave

bioética, ética, saúde. (Fonte: Decs, Bireme).

 

Introducción

En 1970, V. R. Potter, oncólogo de origen holandés, acuñó la palabra bioética entendida como una ética de la vida que comprendiera no solo los actos del hombre sobre la vida humana, sino también aquella animal y medioambiental (1). Es innegable que la bioética ha tenido un amplísimo desarrollo desde el momento en que se constituyó como ciencia; sin embargo, esto no necesariamente ha sido positivo a todo nivel. El problema, según Juan María de Velasco (2), está en que la profusión de ideas y teorías no solo contribuye al enriquecimiento ético, sino que también puede conducir a la confusión y a la falta de criterios para priorizar un sistema moral sobre otro, introduciendo incertidumbre en la toma de decisiones, con el riesgo de generar una bioética de procedimientos sin valores para defender, y vacía.

Dado este contexto de la bioética en la actualidad, en el fondo lo que ha ido perdiendo peso es la centralidad de la persona humana. Si bien la bioética tiene un amplio horizonte de trabajo, como ha quedado claro en los últimos años, si no existe una clara preocupación por el ser humano, toda reflexión posterior quedará vacía y las soluciones a casos concretos, las propuestas y los juicios serán “de escritorio”, y lo peor es que en el papel todo es posible.

Cabe resaltar que muchas de las personas que están involucradas en trabajos solidarios, remunerados o como voluntarios, se ven envueltas en situaciones que requieren una recta aproximación ética, pues tienen a cargo personas concretas, con nombre y apellido, que necesiten de mucho cuidado, niños, recién nacidos, minusválidos, ancianos, en síntesis, tienen a cargo los más débiles y necesitados. Por esta razón, en este trabajo se hizo un estudio con voluntarios de diferentes instituciones relacionadas con el sector salud en Medellín, para determinar de qué manera la solidaridad puede llegar a oxigenar y a retomar la centralidad de la persona humana en la bioética.

Esta situación que hemos descrito, y que podríamos llamar como una pérdida de rumbo de la bioética, ha estado recientemente presente en la reflexión de algunos autores tratando de mostrar qué no es la bioética o cuáles son sus desviaciones actuales, las que revisaremos brevemente a continuación.

LAS DESVIACIONES DE LA BIOÉTICA

La bioética no es pura casuística

En cuanto al método de aproximación al hecho concreto, los alcances de la bioética trascienden el afán de búsqueda de normas externas que pretenda regir en casos especiales; no puede quedar reducida a su vertiente casuística de ética aplicada (3). El doctor Gómez (4) menciona que no es propio de la bioética, como disciplina racional, el acomodo a las visiones que superficialmente pretenden solucionar diferencias de partes en el conflicto, afirma también que la bioética no es circunstancialista, no es casuismo, aunque sí pertenece a su naturaleza el aportar datos e ideas que ayudan a la toma de decisiones.

La bioética no es legalismo

La investigadora argentina Delia Outomuro (5) dice que la bioética, en tanto transdisciplinaria, ha de dialogar con el derecho positivo pero evitando la tentación de reducirse a él y de incurrir en el legalismo. Outomuro reitera que actualmente se advierte una tendencia a juridizar la conflictividad bioética, en la convicción de que cada sentencia resuelve cada problema. La bioética no puede limitarse a aplicar códigos y reglas, sino que debe buscar hacer siempre lo mejor, sin contentarse con aquello a lo que está obligado, por normas o legislaciones (6, 3).

La bioética no es charlatanismo

La presentación amarillista de situaciones relacionadas con la eutanasia, el trasplante de órganos, las técnicas de reproducción asistida, el aborto y la clonación provocan la curiosidad de la población e invitan a arduas polémicas en torno a los límites que ha de tener la ciencia. Por un curioso fenómeno sociológico, como menciona Outomuro (5), algunas personas se arrogan el derecho de dictaminar acerca de lo que está bien o está mal, de lo que debe o no debe hacerse, sin haber hecho siquiera el mínimo esfuerzo intelectual por fundamentar sus afirmaciones. Esto ha resultado en la publicación masiva de textos de bioética, escritos por supuestos expertos, que han terminado ampliando los espacios de los estantes de ética y medicina en las librerías, esperando ser comprados por una gran cantidad de gente que, movida por el interés por estos temas polémicos, ha terminado dándole cabida a cuanto pseudocientífico aparece. Este charlatanismo también está ligado al uso de clichés, pues como dice Bellver (7): “una bioética que pretenda ser plural nos debería llevar a abandonar clichés que no por estar firmemente asentados en los círculos académicos, resultan aceptables en el mundo de principios del siglo XXI”.

La bioética no es esnobismo

La bioética se ha puesto de moda, y en la actualidad no solo muchos profesionales quieren ser “bioéticos” sino que también todo se convierte en un fenómeno bioético. Como señala Outomuro (5), la vaguedad que caracteriza al término ha contribuido a evitar un atinado recorte de la realidad. Por ejemplo, la corrupción en algunos estamentos de los gobiernos o de la administración privada es ahora considerada un problema bioético. Sin embargo, no todo problema ético es bioético.

La bioética y la falta de asombro

Decía el biólogo3 británico Peter Medawar, Premio Nobel de Medicina y Fisiología (1960): “nosotros los científicos podemos perder de vista con frecuencia lo que tenemos ante nuestros ojos, o porque no encaja entre lo que consideramos como verdad posible, o porque consideramos que no puede ser cierto” (8). Por otro lado, Bersanelli y Gagantini (8) mencionan que el punto de partida no es lo que inventamos nosotros, sino que es la realidad que se asoma hacia nosotros como evidencia.

Ya desde el año 2001, a manera de diagnóstico, Figueroa mencionaba que una de las cuestiones que aquejaba a la bioética era la falta de asombro. Una vez que se comenzó el desarrollo de esta disciplina, los académicos iniciaron de inmediato su frenética marcha e impertérritos avanzaron elaborando principios, proclamando códigos, determinando procedimientos, fijando deberes, prescribiendo obligaciones, cayendo en lo que él llama “publish or perish” (9). Esta situación es, en palabras de Figueroa, “un acontecimiento estremecedor”, pues fue de una magnitud tal, que llevó a poner en tela de juicio muchas de las convicciones sostenidas durante milenios en el área de la salud.

En consecuencia, en la actualidad vemos que el paciente, el débil y el indefenso, no son vistos siempre con una mirada reverente, que se deja asombrar por lo compleja y a la vez frágil que es la vida, sino que han pasado a ser clientes u objetos puestos a disposición de caprichos personales, comunitarios o empresariales basados en la funcionalidad o utilidad que pueda tener una vida en particular.

La vida es un misterio, pues todavía hay muchos interrogantes alrededor de ella, y la bioética, si bien ha avanzado a pasos agigantados, parece que en su reflexión olvidó asombrarse por este misterio y se quedó en discusiones que no llevan a ningún lado. El asombro, dicen Bersanelli y Gargantini (8), nunca resulta limitado —contra lo que se piensa comúnmente— por el avance del conocimiento, es más, el propio conocimiento es motivo de un asombro mayor. Al respecto, Einstein decía:

La más bella y profunda emoción que podemos probar es el sentido del misterio. En él se encuentra la semilla de todo arte y de toda ciencia verdadera. El hombre para el cual no resulta familiar el sentimiento del misterio, que ha perdido la facultad de maravillarse y humillarse ante la creación, es como un hombre muerto, o al menos ciego. [...] Nadie puede sustraerse a un sentimiento de reverente conmoción contemplando los misterios de la eternidad y de la estupenda estructura de la realidad. Es suficiente que el hombre intente comprender sólo un poco de estos misterios día a día sin desistir jamás, sin perder nunca esta sagrada curiosidad (8).

¿Qué será entonces de la bioética sin asombro?

Un horizonte nuevo para la bioética

A lo largo de los últimos 40 años se han elaborado numerosas definiciones de bioética, con lo cual no es necesario añadir una más acá. Sin embargo, frente a las desviaciones anteriormente mencionadas, y a la gran cantidad de abusos que se han cometido a la dignidad humana a lo largo de estos años, así como el ataque destructivo al medioambiente, pensamos que es indispensable que la bioética considere a la persona humana como un fin y no como un medio, convirtiéndola así en el centro de su reflexión.

Esta fundamentación personalista no es simplemente un capricho intelectual ni mucho menos una opción confesional, válida para quienes profesen un determinado credo religioso y carente de sentido para los demás; por el contrario, tiene un origen puramente racional, basado en la realidad de la persona humana y en la consideración de su dignidad (11). Solamente poniendo los ojos en la persona es como la bioética puede retomar su rumbo y responder a los ataques a la dignidad humana que muchas veces alcanzan niveles de salvajismo, o lo peor, que son fruto de la indiferencia. Por esta razón, en este trabajo queremos proponer la solidaridad como un valor bioético, es decir, como un pilar sobre el cual la bioética se pueda reencontrar cara a cara con el ser humano en toda su dimensión y obtener herramientas para aproximarse no solo a los juicios bioéticos, sino a la defensa in situ de la dignidad humana.

Según Benatar (12), el valor más importante para traspasar fronteras es la solidaridad, con lo cual tenemos la posibilidad de adentrarnos en el ámbito de la bioética. En la década de los noventa ya se había hablado de la solidaridad como un principio ético (13) y, más recientemente, algunos autores han hablado acerca de la solidaridad y el voluntariado como dos polos que pueden contribuir a la agenda de la bioética del siglo XXI (14, 15) llegando a considerar la solidaridad como un valor bioético (15). Incluso, se ha estudiado esta relación entre solidaridad y bioética en la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos de la Unesco, proponiendo la inclusión de la primera como una norma central en la segunda (16). Sin embargo, antes de profundizar en esta relación, daremos una mirada a los pilares sobre los cuales está cimentada la solidaridad.

La profesión de la medicina es en sí misma solidaria4. Podríamos decirlo también de las demás profesiones que tienen que ver con el trato de pacientes. De tal manera que introducir la solidaridad en la reflexión bioética, es decir, descubrir cómo esta se encuentra insertada en aquella, no es algo nuevo, ni tampoco es una relación forzada, sino que puede establecerse entre los dos conceptos
un vínculo inseparable (17).

LA SOLIDARIDAD

Etimológicamente, la palabra solidaridad tiene raíces latinas: in solidum, solidare, que significa juntar, unir, pero su origen próximo hay que buscarlo en la lengua francesa del siglo XVII, que es donde apareció por primera vez el adjetivo solidario (18). Sin embargo, más allá del origen de la palabra, proponemos en este trabajo que existen tres pilares del ser solidario: 1) la confluencia entre personas que salen en busca de otras que se encuentran en un estado o condiciones de fragilidad; 2) la actitud combativa que permite superar las propias dificultades para poder ayudar a otro; y 3) la reverencia y el asombro que permiten tener una conciencia clara de las necesidades de las personas con quien se es solidario. Este planteamiento deriva de una definición completa
de solidaridad, que aunque no fue encontrada como tal, está basada en los elementos que menciona Aranguren (12): en primer lugar, habla de la solidaridad como encuentro; en segundo lugar, deja en claro que la acción constituye el vínculo que liga a la persona con la realidad, y en tercer lugar, habla de la sensibilización como ámbito de la solidaridad que permite “saborear la realidad”. Estos tres elementos han sido profundizados y son explicados a continuación.

El encuentro con el otro, en particular con el más débil

El ser humano no es un ser aislado, vive en relación con otros, y esta dimensión relacional no es algo accidental o yuxtapuesto (17), es parte de su naturaleza y es lo que lo lleva a formar la sociedad civil (20); no es fruto del azar ni de determinismo alguno, sino que responde a su forma más originaria de ser y de estar en el mundo (2). De algún modo puede decirse que “el que vive egoístamente, herméticamente encerrado en sí mismo es menos hombre” (21). Esta condición de apertura al otro se traduce necesariamente en un sentido de solidaridad, que se ha de desarrollar no solo en el plano de los sentimientos, sino también en el ontológico (17). La solidaridad nace, entonces, de ese compromiso del ser humano con el ser humano (22).

El voluntario o trabajador de la solidaridad, considerado un experto en humanidad (23), llega a descubrir que entre aquellas personas a quienes ayuda también están los más débiles o aquellos que por alguna razón son más vulnerables que otros (16, 24). El hecho de considerar la solidaridad como encuentro, como dice Aranguren (13), significa en primer lugar, la experiencia de encontrarse con el mundo del dolor y de la injusticia y no quedarse indiferente. De manera que la solidaridad termina dignificando a la persona en una doble vertiente (2): la que se realiza en el propio sujeto que actúa en un momento concreto y determinado a favor de un prójimo necesitado, y la que permite el desarrollo de la persona que tenía vulnerados sus derechos y es socorrida; y es que no puede ser de otra manera, como dice De Velasco, pues la humanización plena del ser humano y de su dignidad nunca se realiza solitariamente, sino en relación con los demás.

La actitud combativa

Hablando del voluntariado como una “revolución imparable”, De Velasco (25) decía que hay quien cree que esto tiene algo que ver con una especie de descargo de conciencia, o de difuso sentimentalismo barato y conciliador; pero no es así, en sus mismas palabras decía: “el voluntariado es legión” (25). Esta visión introduce de plano una dimensión de combate, de lucha en la vivencia de la solidaridad.

Según Roca (23), “Ser voluntario, equivale a ser agente de cambio, de transformación”, pero esto no se logra sin un verdadero esfuerzo, pues todo aquello que resulta exigente para nosotros, generalmente es lo que más alegría o gratificación nos trae. Por ejemplo, todo aquel que quiere subir una montaña y se pone frente a ella, sabe que esa empresa le exigirá mucho esfuerzo, pero también sabe que no cambia, por nada del mundo, la experiencia de estar en la cima de la montaña. De igual manera sucede con el voluntario que, además de sus propios deberes profesionales y estatus, dedica parte de su tiempo, de manera continuada y desinteresada, a actividades, no a favor de sí mismo ni de sus asociados (a diferencia del asociacionismo), sino a favor de los demás o de intereses sociales colectivos, según un proyecto que no se agota en la intervención misma (a diferencia de la beneficencia), sino que tiende a erradicar y modificar las causas de la necesidad y de la marginación (26).

El voluntario tiene en su cabeza que si quiere lograr algo debe sacrificar, la gran mayoría de las veces, sus propios gustos o comodidades para actuar en bien del otro, pues como dice Gunson (16), la solidaridad va más allá de los estados personales internos, tales como emociones, sentimientos e imágenes mentales. “Es precisamente el sufrimiento de las víctimas el que dota a la acción voluntaria de realismo” (23).

El asombro y la reverencia

Aquella persona que quiera hacer una labor solidaria habrá tenido que recorrer un itinerario muy sencillo, pero que es fundamental para alcanzar verdaderamente el ideal solidario. El primer paso es darse cuenta de la realidad que se tiene en frente. La admiración por la existencia, dicen Bersanelli y Gargantini (8), es la condición para un encuentro con las cosas y abre de par en par la posibilidad del conocimiento. El no ignorar lo que se tiene en frente, dejarse maravillar o involucrar por la realidad que se tiene delante, es condición para ese encuentro con las cosas, y en el caso de la solidaridad, con las personas, y más aún cuando el que se tiene en frente padece alguna necesidad.

Cuando hablamos de solidaridad, el asombro, la reverencia y la atención a la realidad desembocan en sensibilización, que en palabras de Aranguren (13) se constituye en un ámbito que alimenta todo el proceso solidario, y añade que ir al encuentro del prójimo caído solo es posible desde el cultivo de la sensibilidad entendida como el movimiento emotivo y volitivo necesario para ver, sin autocensuras ni prejuicios, la verdad de la realidad de quien sufre.

Puede ser que encontremos voluntarios que no estén del todo atentos a la realidad que tienen en frente, pero si el voluntario quiere ser efectivo siendo solidario, tiene que dejarse asombrar por una realidad dolorosa o difícil que busca remediar, o alegrarse cuando poco a poco ve cambios positivos al ayudarle a satisfacer las necesidades al beneficiario.

LA SOLIDARIDAD COMO UN VALOR BIOÉTICO

Recientemente, se ha abordado la relación entre solidaridad y bioética de diferentes maneras, por ejemplo,  como una bioética de la solidaridad (27, 22), planteando algunos principios para una bioética social, que busca ampliar su campo de visión para abordar los dilemas éticos institucionales de la salud pública, políticas y reformas de los sitemas de salud y legislación. Se ha planteado también esta relación mostrando que la solidaridad ayuda a los voluntarios a ser conscientes de la importancia de su acción para transformar la sociedad, y a sentirse responsables de la misma (28).

Teniendo en cuenta estos valiosos enfoques, creemos que también es posible que la bioética se enriquezca, partiendo de los pilares básicos de la solidaridad mencionados anteriormente. Proponemos que los tres grandes aportes que la solidaridad puede hacerle a la bioética son: primero, permitirle centrarse en la persona humana; segundo, conducirla a una visión de la vida humana mucho más encarnada en la realidad; y tercero, promover una mayor capacidad de asombro y atención a la realidad.

Pensamos que dentro de las personas que realizan algún tipo de voluntariado, aquellos que trabajan en el sector salud son los que están más directamente involucrados con situaciones que exigen algún tipo de discernimiento o reflexión bioética por su contacto permanente con pacientes y con situaciones extremas donde está en juego la vida humana. Por esta razón, se tomó una muestra de voluntarios que trabajan en el sector salud en la ciudad de Medellín, Colombia.

Consideraciones metodológicas

Con el fin de dar soporte y tratar de explicar en qué consiste la relación entre solidaridad y bioética se realizó una investigación en algunas de las instituciones del sector salud que tienen mayor cobertura en la ciudad de Medellín, donde trabajan voluntarios: Hospital General de Medellín, Hospital Pablo Tobón Uribe, Clínica del CES, Clínica Infantil Santa Ana, Hospital La María (Fundación Sí Futuro), Brigadas de Salud y Solidaridad en conjunto con la Fundación Solidaridad en Marcha.

La recolección de los datos se realizó en dos fases a través de encuestas a los voluntarios, previa autorización de la autoridad competente de cada institución. La primera fase fue el sondeo de las posturas frente al trabajo solidario de una población de 30 voluntarios de brigadas de salud, a través de dos encuestas escritas con preguntas abiertas sobre su experiencia como voluntarios antes de y después de su trabajo solidario. Estas respuestas fueron agrupadas por temas, cuyo análisis permitió elaborar una nueva encuesta con preguntas cerradas de una única opción.

La segunda fase se realizó a través de otra encuesta escrita realizada a una población de 155 voluntarios de las instituciones mencionadas. Se incluyeron todas aquellas personas sin discriminación de edad, sexo, religión o condición social que han hecho algún tipo de trabajo de vountariado en el sector salud.

La encuesta, encabezada por datos generales de los entrevistados, tenía cinco preguntas de escogencia múltiple con una única respuesta. Las preguntas apuntaban a determinar si eran esenciales, en su experiencia de voluntariado, cada uno de los tres elementos propuestos anteriormente como pilares de la solidaridad. Las cinco preguntas eran: 1) ¿Qué fue lo que más lo motivó para hacer este trabajo solidario?; 2) ¿Cuál ha sido la experiencia que más valora en su trabajo como voluntario?; 3) ¿Cuál es el elemento que más tiene que tener en cuenta un voluntario para hacer trabajo solidario?; 4) ¿Ha cambiado su percepción frente a las personas beneficiarias del trabajo solidario desde que comenzó a ser voluntario?; 5) ¿De qué manera?

Luego de la tabulación de los datos de las encuestas se realizó el estudio estadístico mediante el software SPSS versión 12.0 (SPSS Inc., Chicago, Estados Unidos). Para el análisis simple y exploratorio de las variables se utilizaron las pruebas de promedio y porcentajes.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

La población encuestada fue de 155 voluntarios distribuidos de la siguiente manera: Hospital General de Medellín (93), Hospital Pablo Tobón Uribe (20), Clínica del CES (6), Clínica Infantil Santa Ana (20), Hospital La María - Fundación Sí Futuro (7), Brigadas de Salud y Solidaridad - Fundación Solidaridad en Marcha (9), de los cuales el 97% eran mujeres.

El tiempo como voluntario de las personas encuestadas oscilaba entre 1 día y 39 años. El 50% de los voluntarios tenía más de 9 años trabajando como voluntario, y el promedio del tiempo como voluntario era de 12 años (figura 1). De acuerdo con lo anterior, las apreciaciones de los voluntarios cobran mayor importancia, pues su experiencia no ha surgido de la noche a la mañana.

En las 155 encuestas diligenciadas, el 35,22% de los voluntarios opinó que lo que más lo motivó para hacer su trabajo solidario fue aportar desde sus conocimientos y sus habilidades, y salir al encuentro de otras personas por su fragilidad social o económica, con un 32,37% (figura 2).

Con respecto a la segunda pregunta, el 72,25% opinó que lo que más valora en su trabajo como voluntario es lograr superar dificultades externas o personales para ayudar a otras personas a resolver sus problemas (figura 3). Posteriormente, frente a la pregunta 3, el 43,35% opinó que lo que más tiene que tener en cuenta un voluntario para hacer trabajo solidario es ser reverente (atento a los detalles) y darse cuenta de las necesidades de los demás (figura 4).

Respecto a la cuarta pregunta el 76,3% de los voluntarios contestó que había cambiado su percepción frente a las personas beneficiarias desde que comenzó a ser voluntario. El 47,98% de las personas que dijeron haber cambiado su percepción frente los beneficiarios contestó que lo habían hecho no solamente en uno de los aspectos de la solidaridad, sino en los tres aspectos básicos de la solidaridad propuestos en esta investigación (figura 5): primero, en el contacto personal, dándose cuenta de que en situaciones de fragilidad la persona exige más cuidado y respeto; segundo, aprendiendo que la salida fácil casi nunca es la mejor; y tercero, estando atento a las neccesidades, aprendiendo a asombrarse con la realidad que lo rodea.

Cabe anotar que las respuestas posibles en cada una de las preguntas variaban en su contenido, pero que no eran descabelladas, pues fueron respondidas por algunos de los voluntarios encuestados en la primera fase de la metodología.

Como se mencionó en líneas anteriores, siendo el sector salud uno de los ambientes que más directamente tiene que ver con la reflexión bioética, se ha querido profundizar sobre cómo estos elementos de la solidaridad, destacados por los voluntarios, pueden contribuir a la reflexión bioética en el sector salud en primer lugar, pero también en otros ambientes.

Permite centrarse en la persona humana

Tanto para la bioética como para la solidaridad el centro, su razón de ser, su tesoro más preciado no son las reflexiones que puedan hacerse de los distintos temas, no es la difusión a nivel mundial de un planteamiento, sino la persona humana. Al no tener los ojos puestos en el ser humano, hombre y mujer, los aportes de la bioética y la solidaridad serán como cuentos de hadas sin peso ni injerencia sobre la realidad.

Esta centralidad de la persona se evidencia en dos aspectos: primero, en la manera como las personas parten de una visión sobre sí mismas, descubriendo una variedad de dones, capacidades y virtudes, para luego ponerlos al servicio de los demás, pues el 35,26% de los voluntarios encuestados mencionó que lo que más lo motivó para hacer este trabajo solidario fue aportar desde sus conocimientos y sus habilidades. Segundo, en el alto número de voluntarios que respondieron que su motivación para ser solidarios fue salir al encuentro de otras personas por su fragilidad social o económica. Nos podemos preguntar, entonces, ¿por qué no suele
ser la persona humana el centro de la realidad? Y más aún, ¿por qué no es el centro de la reflexión bioética? En primer lugar, porque esto implica compromiso. Quien es solidario nunca olvida que tiene unos conocimientos y unas habilidades con las que debe responder a la sociedad; pero tampoco olvida que siempre tendrá en frente o a su cargo personas, no cosas, ni animales ni proyectos de personas. Cualquiera de nosotros,

Al estar indisociablemente unido a sus semejantes, se hace también responsable de la libertad y del destino de ellos, porque buscar el propio bien en cuanto actitud e inclinación personal, es buscar el bien de la comunidad, y en este sentido se puede afirmar que el sujeto virtuoso tiene como meta el desarrollo de sociedades virtuosas que buscan el bien común también de forma
constante y permanente, es decir, estructuralmente(2).

 Por tanto, si la bioética busca, como primer objetivo, defender, valorar y dignificar toda vida humana, la solidaridad que todo ser humano está llamado a vivir se convierte en el valor que más directamente le lleva a cumplir con dicho objetivo.

Permite tener una visión encarnada de la realidad

Quien espere no tener en esta vida dificultades o padecer dolores, será mejor que se apriete un tornillo en la cabeza o se baje de la nube en la que está. Quien ha vivido unos pocos años sabe que la vida implica un combate, y que esta dimensión de lucha es inherente al ser humano. Este aspecto de la vida humana ha quedado demostrado en los resultados de la pregunta 2, ¿cuál ha sido la experiencia que más valora en su trabajo como voluntario?, donde el 72,25% respondió “lograr superar dificultades externas o personales para ayudar a otras personas a resolver sus problemas”.

Teniendo en cuenta lo anterior, podemos decir que cualquier persona que acepte en su vida a otro, que busque tomar una decisión que involucre a otro u otros, lo hace sabiendo que solo o junto a la otra persona tendrá que asumir alegrías y dolores.

En el mundo actual aceptamos fácilmente las alegrías, pero cuando nos toca enfrentar el dolor, le huimos. Es por eso que quien es verdaderamente solidario no puede dejar de enfrentar el dolor, y lo supera para poder servir, sabe sobrellevar las exigencias del servicio. Defender o preservar una vida humana es exigente y trae consigo algunas dificultades e incomprensiones. Quien es solidario está habituado a salir al paso de las dificultades. Quien es solidario no pierde de vista la persona a la que está ayudando y siempre lo hace porque es persona, por más que le cueste estar frente a su dolor o su situación difícil. Un juicio bioético tiene que tener esto en cuenta. No se puede pensar que las decisiones fáciles o cómodas son siempre las mejores. Pensar que eso es así es irreal, podríamos decir que es un pensamiento marciano.

Por el contrario, quien quiere hacer un juicio bioético o reflexionar sobre bioética, tiene que dejar sus sentimientos de lado, sus afectos, complejos psicológicos y emociones pasajeras, cuando de dar un juicio se trata, e infortunadamente, esto es lo que muchas veces sucede. ¿Cuántas veces la opción por el aborto, la eutanasia o la venta de órganos, resulta siendo la salida fácil? No
quiere decir que siempre optemos por lo fácil, pero el punto es que, así como el voluntario no piensa dos veces en cansarse, sudar y sacrificar su tiempo, quien quiere hacer un juicio bioético o quien quiera actuar con principios bioéticos, tendrá que entender que aquello que realmente vale o tiene el más alto precio en la vida son las cosas que nos cuestan.

Promueve una mayor capacidad de asombro y atención a la realidad

Para el 43,35% de los voluntarios encuestados el elemento que más tienen que tener en cuenta para hacer trabajo solidario es ser reverente (atento a los detalles) y darse cuenta de las necesidades de los demás, además de estar agradecido con lo que ha recibido, de mostrarse a sí mismo que puede ser útil y de estar dotado de muchas habilidades y capacidades para realizar la labor solidaria. Para los voluntarios prima la reverencia porque su éxito no radica en la abundancia de sus capacidades intelectuales, motrices ni mucho menos en su condición económica, o de los contactos sociales que tenga, sino en su grado de conciencia acerca de las necesidades de los beneficiarios, es decir, en su capacidad de ser reverente: dándose cuenta de los detalles presentes en la realidad que lo rodea, dejándose maravillar por lo que tiene en frente, y sensibilizándose, entendida la sensibilidad como diametralmente opuesta a una visión utilitaria o meramente funcional.

La reflexión bioética parece haber perdido esa capacidad de darse cuenta de aquello que tiene a su lado, de maravillarse con lo que tiene a su alrededor. En concreto, no solo los profesionales en bioética, sino todos aquellos que nos vemos involucrados en juicios bioéticos, nos hemos quedado en la investigación o en nuestros propios intereses, y hemos dejado de maravillarnos con la vida. Acciones masivas destructivas del medioambiente se han dado por no dejarse asombrar por la realidad que tenemos en frente, y peor aún, cuando dejamos de hacerlo por el milagro de la vida, y en particular de la vida humana. Una vez que se ha perdido esta capacidad de asombro y de atención a la realidad que nos rodea, cualquier esfuerzo por una reflexión bioética pierde peso.

Así como un voluntario no deja de maravillarse por la vida de un bebé y busca ayudarlo o ayudar a su madre, o se compadece por el sufrimiento de un anciano o un joven paralítico que no se puede valer por sí mismo, de igual manera, quien realiza un juicio o se dedica a la reflexión bioética debería asombrarse día a día por el milagro de la vida y no ceder a los caprichos de quien está involucrado en un caso de aborto, eutanasia, etc.

CONCLUSIONES

En el contexto de la bioética actual, la solidaridad se plantea como un valor para profundizar en la importancia que tiene la persona humana en sus reflexiones teóricas y juicios bioéticos. Esta disciplina juega un papel crucial en el sector salud. Particularmente, este es uno de los ámbitos en los cuales ha existido siempre un número considerable de voluntarios a nivel mundial. Por esta razón, consideramos que la percepción de los voluntarios que trabajan en este sector es una de las áreas más importantes en las cuales se puede encontrar un vínculo entre la solidaridad y la bioética.

De acuerdo con los resultados obtenidos en las encuestas realizadas en la población de voluntarios en algunas de las instituciones más representativas del sector salud en Medellín, podemos concluir que la solidaridad se constituye en un valor bioético en tres aspectos: 1) en cuanto ayuda a centrar las reflexiones bioéticas en la persona humana; 2) pone la actitud combativa de la vida por encima de intereses o caprichos personales, y 3) conduce a una mayor sensibilización en la medida en que crecen su reverencia y capacidad de asombro. Estas tres características no son solamente útiles y válidas para quienes tienen que realizar juicios en comités de bioética o en otras instancias, sino que constituyen la clave para que “el hombre de a pie”, es decir, cualquier persona, tenga algunos criterios de base para actuar cuando se vea envuelto en situaciones en las que deba optar por la vida de una madre, de un feto, de un anciano o cualquier persona en el lecho de muerte, de adoptar un niño o incluso de proteger una especie animal nativa en peligro de extinción.

Por otro lado, se puede hablar de una relación estrecha entre solidaridad y bioética porque el ejercicio de las profesiones u oficios relacionados con el sector salud, donde el conocimiento de la bioética es fundamental, son en sí mismos ejercicios solidarios a todo nivel: tanto en el caso del médico, de las enfermeras, de los terapistas, como en el caso de los voluntarios que salen al encuentro de sus pacientes ayudándoles a vivir sus vidas a plenitud, previniendo, curando o cooperando para que sobrelleven su enfermedad pacientemente.

Podríamos pensar incluso que una actitud sencilla de la vida cotidiana, que se incluye actualmente en la reflexión bioética, como buscar proteger un bosque, o definir normas para preservarlo, es de suyo solidaria; en este caso, se es solidario con las futuras generaciones que habrán de sacar provecho de ese bosque, sea como lugar de esparcimiento o fuente de oxígeno.

Finalmente, cabe anotar que esta investigación no pretende afirmar que una persona que hace trabajo solidario nesariamente tiene un juicio bioético “acertado” frente a una situación complicada en cuanto a la defensa de la vida o el medioambiente se refiere, sino que el trabajo solidario como voluntario promueve ciertas actitudes, disposiciones externas e internas en las personas que posibilitan una mayor sensibilización entre quienes hacen algún tipo de reflexión bioética.

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3 Con respecto a la profesión de la biología, dice Montuenga (10), que “el biólogo es, en primer lugar, el profesional del asombro y de la contemplación del mundo natural. Para él un ser vivo, además de un material de trabajo y medio de subsistencia, constituye un verdadero tesoro, una obra de arte única que admira y le deleita. Muchos fenómenos naturales que no llaman en absoluto la atención al profano, que no ve en ellos más que algo trivial, o algo curioso, para el biólogo constituyen auténticas ‘exhibiciones’ llenas de significado, cargadas de un mensaje profundo: se siente llamado a conocer, o al menos a adentrarse en el misterio de la vida”.

4 “Cuando la persona humana —paciente— requiere de nuestra ayuda como médicos nos constituye en responsables solidarios de la perfección de su existencia, de la posibilidad de llevar a perfección su vida, y es una solidaridad plena, total, in solidum, así nuestra actuación sea transitoria, accidental” (19).

REFERENCIAS

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