BIOTECNOLOGÍA, DERECHO Y DERECHOS HUMANOS

 

PORRAS DEL CORRAL, M.

Córdoba: Publicaciones Obra Social y Cultural Cajasur


Jose Luis del Barco

Universidad de Málaga (España). Departamento de Filosofía.


No es una tarea sencilla moverse con autoridad por la selva enrevesada de la biotecnología. Es mucho lo que hay en juego. Los factores que intervienen en ese complejo mundo de la ardua bioética son múltiples y heterogéneos. La dignidad, el derecho, los logros de la genética, el progreso de la técnica, las fundadas esperanzas en los avances biomédicos y la inquietud que despiertan los programas eugenésicos, o cualquier otro proyecto capaz de manipular la identidad de los hombres, son factores e ingredientes de esa grave disciplina. ¿Es extraño que muy pocos se atrevan a hincarle el diente? ¿A estudiar profundamente, hasta quemarse las cejas, sus grandes dilemas éticos? ¿A examinar con finura las leyes correspondientes y juzgar con equidad y criticar con cordura las complejas teorías que existen sobre el asunto? ¿A meditar lentamente sobre la esencia del hombre, su egregia constitución, su nobleza y su destino? Hace falta mente clara, temple desapasionado, conocimiento abundante, altura intelectual, un razonar riguroso, voluntad y muchas ganas de que brille la verdad para poner en su sitio la disciplina bioética. Hay que ser un gran científico, férvido universitario para escribir una obra como la que ahora presenta Manuel Porras del Corral.

Biotecnología, Derecho y Derechos Humanos es libro sistemático. Como son los buenos libros. Los trabajos sistemáticos organizan los conceptos en tomo a una idea central. ¿Cuál es la noción matriz sobre la que se estructura el contenido del libro? Yo he creído comprender qué es la dignidad humana. No hace falta ser muy listo, ni tener vista de águila, para darse cuenta de ello. Tan sólo se necesita dejarse llevar sumiso por la mano del autor. Con él se está en buenas manos.

De la dignidad humana se ocupa el primer capítulo. Con unas pocas palabras, medidas y bien pensadas, la define justamente. "Categoría moral por excelencia", "dignidad metafísica, radical o última, "signo identificador del ser del hombre" son fórmulas breves e idóneas usadas por el autor. Yo le sugiero otra más: excelencia de ser. El hombre es el ser más digno por ser el más excelente. El valor de las personas mana de su propia esencia.

La dignidad humana sirve de faro lucífero para arrojar claridad sobre los demás asuntos. La actual legislación sobre cuestiones bioéticas es juzgada con su luz. Ante ella, y ante el "tribunal moral" de los derechos humanos, han de responder las leyes. El examen del autor sobre las leyes que regulan las técnicas de reproducción asistida y la donación y utilización de fetos y embriones humanos es un ejemplo magnífico sobre el valor hermenéutico de la dignidad humana.

Y la ingeniería genética, a la que el autor dedica dos capítulos magníficos, cae también bajo el claror de la dignidad humana. ¿Qué mejor punto de apoyo para saber si vulnera o enaltece al ser humano? El diagnóstico genético, la nueva terapia génica, o el proyecto genoma humano, son juzgados a la luz de la dignidad del hombre. Ella es también la que dice si se hace un uso ético en beneficio del hombre de cientos de aplicaciones de las técnicas genéticas. Teniendo en el horizonte, como deber imperioso, el valor del ser humano, el autor pasa revista a técnicas recientísimas al servicio del derecho. La huella dactilar genética, la prueba del ADN para averiguar la paternidad, y otras muchas que ahora omito, son invidentes y ciegas, como lo es siempre la técnica, si no reciben visión de la moral y la ética.

La selecta bibliografía que cierra este libro óptimo es una valor añadido. Quien quiera adentrarse ávido en esa selva tupida de la ciencia bioética ya sabe adónde acudir. ¿Es que no tiene defectos la obra que ahora comento? ¿Hay libro que no los tenga? Pero aquí son escasísimos. El de más bulto, a mi juicio, es la abundancia de notas. La erudición excesiva recarga el razonamiento y entorpece la lectura. Pero eso es cuestión de gustos. Y yo entiendo que los libros tienen un grueso andamiaje -todo el material científico que uno utiliza y estudia para investigar el tema- que no interesa al lector. Es mejor que no desluzca el edificio flamante. Se trata, pues, de un "pelillo" que no desmerece en nada la calidad de la obra.

Después de haberla leído se despeja la penumbra. Brilla la luz reluciente de la verdad bien redonda. Se siente el intenso gozo de la experiencia teórica. Doctrinas antes confusas, principios enrevesados, leyes casi incomprensibles, se vuelven ahora sencillas. No me resisto a echar mano de metáforas marinas. La mar también luce clara en esta tarde otoñal de limpieza cristalina. Exhibe una superficie diáfana y transparente que invita a la zambullida. Quien se atreva a la inmersión sentirá las maravillas de las honduras del mar. También yo invito al lector a una sumersión teórica, o a un viaje intelectual, por esta espléndida obra. El gozo está asegurado.