AVANCES EN LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA: A LA BÚSQUEDA DE PRINCIPIOS ÉTICOS RECTORES

Los avances de la ciencia y la tecnología nos sitúan en unas fronteras límite. El hombre se encuentra sometido a excesivas intervenciones, que ponen en juego el fin en sí mismo de todo ser viviente

A través de los nuevos avances de la ciencia, el hombre ha adquirido un poder inmenso, que permite, de un lado, una mirada esperanzadora frente al abordaje de muchas enfermedades anteriormente sin ninguna opción de tratamiento. Sin embargo, también se ha puesto al descubierto cómo muchos de esos avances ponen en juego la dignidad de la vida humana en diferentes momentos de su existencia.

Tantos y tan prometedores avances en relación con el genoma humano, pueden hoy ser a su vez usados en forma deletérea para la condición y dignidad de la persona humana. Amparados en la curiosidad y el asombro ante nuevos descubrimientos, apelando a la solidaridad humana y al beneficio de futuras generaciones, podemos caer fácilmente en permitir que la técnica nos absorba, que el ser humano quede instrumentalizado desde su inicio, que se fragmente su existencia, que pierda el valor el estatuto antropológico del embrión humano y que el mismo quede reducido a simples células, que se instrumentalizan para el supuesto beneficio de otros. "Es tan solo un embrión", son las frases y posturas de algunos hombres de ciencia

Hoy las cosas, a pesar de los avances de la ciencia, no son tan claras. Se requiere más que nunca que la ciencia y los científicos se basen en principios éticos, donde la prudencia ayude a orientar la toma de decisiones, pues lo que está de por medio es la dignidad de la persona humana.

La ciencia, en ese afán desmedido de conocimiento, actúa en muchos casos de manera irresponsable, sin medir las consecuencias de su actuar. El principio de previsibilidad no está presente. Se estimulan, por ejemplo, las técnicas de reproducción asistida, pero no se tiene claro qué hacer con los diferentes embriones que quedan. Se piensa y se somete al debate mundial la posibilidad de clonación con fines terapéuticos o de experimentación, pero se desconoce el valor de la vida humana.

Es indudable que nos hallamos en una encrucijada. De un lado, la posibilidad de encontrar alternativas hasta ahora sin solución. Pero de otro, la posibilidad de que esas soluciones vulneren la vida y existencia de otros seres humanos.

La ciencia ha avanzado de manera asombrosa. Démosle tiempo a que siga llegando a descubrimientos que permitan, de una manera más acertada, dar respuesta a esas necesidades sentidas que hoy existen.

No debe permitirse una postura facilista. Es importante explorar nuevas técnicas, pues apenas se empieza a vislumbrar el alcance de todo lo que aporta y posibilita el conocimiento del genoma humano, la obtención de células troncales, o stem cells, sin necesidad de manipulación embrionaria.

El actual apresuramiento deja entrever, entre otros, intereses y beneficios económicos de grandes grupos, en los que, lamentablemente, se incluyen los investigadores.

Hoy esta presión ha llegado aún a impregnar el debate ético y bioético. Es necesario no perder el horizonte. Mientras el debate no se centre en una visión ética, antropológica y metafísica del hombre, como muchos filósofos contemporáneos lo han anunciado, el panorama será trágico.

No se trata de coartar la ciencia, sino, por el contrario, de animada a perfeccionar sus descubrimientos, a que no se deje presionar por una sociedad que, por momentos, pierde lo que debe ser el rostro humano de una civilización.

Hoy la ciencia y la tecnología han alcanzado un poder sin precedentes, un poder que ha empezado a tornarse sensiblemente peligroso para la vida humana, para el futuro del hombre en la Tierra. Se hace necesario evaluar el alcance de nuestros actos. El hombre de ciencia deja de tener una responsabilidad individual, para adquirir una responsabilidad colectiva.

Los científicos no podrán olvidar su obligación y elevado compromiso con los fines que deben orientar su investigación. Hoyes preciso rescatar unos principios rectores, que permitan verdaderamente que la ciencia cumpla con los objetivos más dignos de la investigación.

La prudencia, el respeto, la previsibilidad, deben estar siempre presentes en las decisiones. La sociedad puede esperar a que los científicos estén seguros de sus avances y aplicaciones, pero lo que sí no podrá tolerar es que, por un apresuramiento, se pongan en juego valores y principios morales que vulneren la dignidad y esencia de la persona humana.

 

María Helena Restrepo, M.D.


Nota de la dirección:

La revista Persona y Bioética agradece al Instituto Colombiano para el Fomento de la Educación Superior, ICFES, por la asignación de la partida de recursos de la Bolsa de Recursos Concursable 002 de 2002, en el marco del Proyecto Fomento a la Difusión de Publicaciones Científicas y al Fortalecimiento del Contenido de la Red Nacional Universitaria, para la publicación de este número.

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